domingo, 28 de mayo de 2017


CEREMONIA DE LA VII OLIMPIADA DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Y por fin llegó el gran día, el día para el cual se han preparado alumnos y alumnas, profesores y profesoras durante todo el curso, esperando con expectación y mucha ilusión poder llegar a la final de esta competición tan especial: competir por las ideas más sugerentes y creativas, la reflexión mejor fundamentada y luego compartirlo con sus compañeros en ese día final que fue pensado hace ya 7 años. Intentamos imaginar cómo sería la forma más entretenida, más ágil, más participativa para que el alumnado se deleitase y siguiese aprendiendo, compartiendo con el máximo número de iguales esa aventura reflexiva en que los habíamos embarcado. Al mismo tiempo había que revestir el acto final de la solemnidad que merecía. Así después de esas primeras discusiones, decidimos que se empezaría por una presentación institucional, luego se pasaba a una conferencia relacionada con el tema de la Olimpiada que a su vez tenía que ser sugerente y seguir planteando preguntas, para pasar al debate entre dos equipos de alumnos y alumnas, culminando con la entrega y lectura de premios. Como comentó uno de los organizadores fundacionales de la Olimpiada filosófica de la Comunidad de Madrid, una vez terminada la conferencia y cuando las manos seguían levantadas con mucho interés y al mismo tiempo mucho orden y mucho respeto por sus compañeros: “sin preguntas no se puede vivir.” Eso es lo que pensamos los filósofos y filósofas, los que humildemente intentamos acercar a los alumnos a la experiencia filosófica que nos hace humanos y por tanto año tras año hemos ido pensando cuál sería el mejor ponente, la mejor ponente para completar, contrastar, continuar y culminar esa reflexión; este año fue sumamente interesante, no me toca a mí hacer comentario del debate pero si tengo que señalar la sencillez , cercanía y al mismo tiempo el rigor de la ponencia presentada por Marta Pascual Rodríguez y cómo suscitó nuevas preguntas bien relacionadas con el tema de la Olimpiada.

Tanto en el coloquio después de la ponencia como en el posterior al debate, era un espectáculo ver ese auditorio repleto de manos levantadas, sabiendo que además habían quedado fuera muchísimos alumnos y alumnas que no habían podido entrar porque no podíamos dar más cupo. Al ver a esa juventud enganchada a las ideas filosóficas, haciendo rigurosa y personal filosofía práctica, participando con entusiasmo, energía y mucha paciencia en los debates, en la búsqueda de nuevos horizontes en su experiencia vital y filosófica, no podía dejar de pensar en cómo surgió esta idea de una Olimpiada filosófica en la Comunidad de Madrid y luego en el conjunto de España.



Unos pocos profesores y profesoras decidimos que valía la pena empezar esta aventura y gracias al esfuerzo de tantos profesores y profesoras de la enseñanza pública, concertada y privada que han colaborado con su buen hacer diario en el aula, participando en sus horas libres en la organización y realización de las diversas y variopintas tareas que están detrás de que una actividad de este tipo culmine con éxito, hemos llegado a esta VII Olimpiada con sus cuatro modalidades/secciones…



Recordaba también nuestros primeros actos finales, no previmos algunos detalles en la organización que fuimos supliendo con mucha voluntad y capacidad de improvisación que creo que tenemos todos los profesores y especialmente las profesoras, y ahora ver este acto tan bien organizado donde cada cosa ocurrió en su momento preciso, al segundo digamos, ha sido realmente impresionante. Rememorando estos 7 años hay que destacar la respuesta entusiasta y perseverante del profesorado de filosofía a esta convocatoria. La participación del alumnado es testimonio inequívoco de la importancia de la filosofía en la educación y cómo la filosofía se incardina en la vida de las personas, las hace crecer como seres reflexivos, como personas con un proyecto de vida y fundamenta su empatía con los problemas de la humanidad presente y futura.


No puedo más que decir que este acto final salió espléndidamente, estuvo muy bien organizado y sobre todo la participación del alumnado y del profesorado fue excelente. Es ineludible agradecer esta participación, y no sólo a los que estuvieron allí sino también a los que no pudieron estar pero hubiesen querido estar y que año tras año han permitido mantener esta Olimpiada filosófica en la Comunidad de Madrid y en el conjunto de España. Por último, por supuesto, hay que felicitar a los y las ganadoras que realmente hicieron unos trabajos excelentes y a los cuales deseamos que continúen con la reflexión filosófica durante toda su vida .

Elisa Favaro
VII OLIMPIADA DE LA COMUNIDAD DE MADRID

EL DEBATE SOBRE NUEVAS TECNOLOGÍAS Y TRANSHUMANISMO


Una de las actividades que más interés generó en la Jornada final de la VII Olimpiada Filosófica de la Comunidad de Madrid fue, sin duda, el debate sobre el tema de la nueva identidad humana que se está creando en las redes sociales y en la robótica. Los profesores Manuel Sanlés (Colegio Altair) y Esperanza Guisán (IES Margarita Salas de Majadohonda) han sido este año los encargados de preparar a sus respectivos equipos y los resultados han sido extraordinarios.
Los equipos que habían preparado el debate pertenecían al Colegio Altair y al IES Margarita Salas (Majadahonda). EL debate estaba planteado de tal modo que un equipo proporcionaba argumentos a favor del progreso que aportaban las nuevas tecnologías a la vida humana y el otro se manifestaba en contra por los peligros de deshumanización que esas tecnologías podían suponer. La preparación previa de los argumentos por parte de unos y otros era bastante sólida y se habló sobre todo de la dificultad de comprender cómo podía surgir el nuevo ser poshumano o transhumano si su biología, sus ideas y sus sentimientos podían ser reemplazados por un robot o compartidos con elementos biónicos cada vez más sofisticados.
El equipo del Colegio Altair insistió con vehemencia en que no se deberían superar los límites de lo humano porque perderíamos el control de nuestras vidas. La pregunta clave era cómo se entendería la libertad humana en un mundo en el que los seres humanos estuviesen robotizados y dirigidos por máquinas. También insistió ese equipo en que la Inteligencia Artificial no puede sustituir las emociones y sentimientos humanos; además añadió que la moral no puede ser eliminada de la vida humana en nombre de una total robotización del ser humano. ¿Se superaría la moral humana y llegaríamos a una amoralidad poshumana robotizada?
El equipo del IES Margarita Salas aludió en varias ocasiones a los grandes progresos que han supuesto las nuevas tecnologías en la información y comunicación instantánea para todos los seres humanos. Además puso varios casos de elementos biónicos que han mejorado la vida de muchas personas enfermas con graves problemas de movilidad o con la inserción de diferentes aparatos en el interior del cuerpo humano que ayudan a mejorar la respiración o la circulación sanguínea. Asimismo este equipo argumentó que los robots podrán hacer mejor y más rápidamente muchos de los trabajos que hoy realizan los seres humanos porque la Inteligencia Artificial no está sometida al cansancio biológico ni a los errores de los seres humanos. Los algoritmos realizados por máquinas superan con mucho los ejecutados por el ser humano.

Los momentos más vivos del debate se produjeron cuando el público, los alumnos y alumnas presentes, participaron y plantearon preguntas a los dos equipos protagonistas del debate. Eran tantos los que deseaban participar que fue imposible dar la palabra a todos. En algún caso, algunos alumnos plantearon con crudeza cuál sería el futuro de la humanidad si cedemos el control de nuestras vidas a máquinas que funcionan autónomamente; o cuál sería el tipo de sentimientos y emociones que pueden generar los robots y si esa pérdida de lo humano merece la pena en nombre de un progreso puramente tecnológico. Por ejemplo, si se logra una longevidad humana hasta los 130 años de media sobre la Tierra, habrá un problema demográfico muy grave y los mayores tendrán que dedicar su vida a partir de los 60 a actividades que ahora mismo ni siquiera han sido imaginadas. Además, el tipo de sociedad sería totalmente distinto al actual y se necesitará invertir muchísimo más en sanidad y en ocio.


En fin, el debate resultó ser una de las actividades que más entusiasmo despertó entre los asistentes y los interrogantes que allí se plantearon conectaron perfectamente con los argumentos a favor y en contra de las nuevas tecnologías que tan bien habían defendido los dos equipos participantes en esta Jornada final de la Olimpiada.

Luis María Cifuentes Pérez